Lo he dicho con antelación, lo digo ahora y lo seguiré diciendo hasta el día en que el mundo se prive de mi ecléctica presencia: Qué rico es compartir mi libertad con alguien. No hay más...
Qué rico es tomar un cajeta latte en una terraza con una cobija azul sobre los hombros, qué rico es una copa de tinto con una suculenta charla, qué rico tener llamadas perdidas y mensajes recibidos, qué rico que pregunten la hora de tu llegada, qué rico compartir que serán sólo 15 días contando desde ahora, qué rico es abrazar sin hablar, qué rico es hacer reír, qué rico es decir 'te quiero' pero más rico vivirlo, sentirlo, qué rico es hacer corajes con y por alguien, qué rico sentir un agujero en la panza, qué rico cuando se acelera el ritmo cardiaco, qué rico probar de la comida del de en frente, qué rico esperar la mañana, qué rico mandar un mensaje de buenos días y de buenas noches también, qué rico esperar el mañana, la mañana y la noche, qué rico mirar y suspirar, qué rico jugar, qué rico perder, qué rico regalar y recibir regalos, qué rico sentir una nariz fría en la mejilla y una mano helada en la espalda, qué rico aprender, qué rico caer y llorar, qué rico expresar, qué rico callar...
Por mucho, para mí nada más rico que compartir...
La pregunta de los 15 días: ¿Serán más o menos?
